Breve origen de las letras

continuación se presenta una descripción sintetizada del origen de la letras que conocemos y utilizamos regularmente en el alfabeto latino, en algunos casos su procedencia es milenaria, en otros por el contrario, se remontan a la normalización necesaria en la época de la invención de la imprenta.

A

La A es la primera letra del alfabeto español y la primera de sus vocales. Aparece en el 13% de las palabras. Corresponde a la letra A del alfabeto latino o romano, que proviene de la letra alfa del alfabeto griego. Las formas más antiguas de esta letra, similares al pictograma de una cabeza de buey con cuernos, proceden quizás de la escritura hierática[1] egipcia, sus nombres fenicio alf y hebreo alef, significaban ‘buey’ y se escribía similar a la que conocemos, solo que invertida, es decir, con el vértice hacia abajo puesto que representaba la cabeza del ganado.

B

La B es la segunda letra del abecedario español. Probablemente se tomó del pictograma de una casa en los jeroglíficos egipcios, que corresponde a la vista esquemática de la planta. En alfabeto semítico y en hebreo era la primera letra de la palabra bayit, que significaba casa, de donde proviene la forma primitiva, que originó la letra fenicia beth, luego la beta griega y la B del alfabeto latino o romano.

C

La C es la letra por la que empiezan un mayor número de palabras del diccionario académico. Tiene su origen en un jeroglífico egipcio con forma de bastón, que los fenicios adoptaron para su alfabeto con el nombre de gimel. Es la probable evolución del semita originó el gimel fenicio. Este signo fue copiado a su vez por los griegos, con el nombre gamma, que tenía varias formas, entre ellas la “C”. De ahí pasó al alfabeto latino, que en un principio empleaba la misma letra tanto para el sonido “C” como el sonido “G”, hasta que Espurio Carvilio[2] inventó esta última letra. Y así, ya diferenciadas, llegaron ambas, “C” y “G”, al español.

D

Corresponde a la letra D del alfabeto latino o romano. Procede de un ideograma egipcio que representa una puerta con forma triangular que en efecto recordaba el trozo de piel que cerraba la puerta de las tiendas de campaña. Los fenicios la adaptaron simplificándola y le dieron el nombre de dalet (así como los hebreos), que precisamente significa ‘puerta’. Los griegos la tomaron y nombraron delta, redondeándola en una de sus variedades y así la adoptó el alfabeto latino.

E[3]

Corresponde a la letra E del alfabeto romano, que a su vez deriva de la épsilon griega.  Era representada por los egipcios por la figura de una persona con los brazos extendidos hacia el cielo, adorando a una divinidad celestial. Los fenicios esquematizaron esta figura al adoptarla a su alfabeto con una línea vertical cortada por tres horizontales que apuntan a la izquierda. Los griegos la adoptaron dándole la forma que ha llegado hasta nosotros como la E mayúscula.

F

La F mayúscula procede del signo fenicio para vau, del que también han derivado otras tres letras: “U”, “V”, “Y”. Los griegos importaron la letra fenicia sin cambios apreciables y lo mismo hicieron los etruscos, que le dieron una forma más reconocida para occidente; el alfabeto latino invirtió sus trazos y la dejó tal cual la conocemos hoy. A partir de dicha letra fenicia derivó la digamma griega, que luego desapareció. Los griegos tenían una letra, phi, que sonaba parecido a la actual “f”. Los romanos la adoptaron como ph, respetándola en la escritura para aquellas palabras que procedían del griego o del hebreo. Así pasó al español primitivamente este dígrafo, ph, con el mismo sonido que la f, en multitud de palabras de origen griego.

G

El latín heredó de los griegos, a través de los etruscos, la letra “C” con la que representar dos sonidos: [k] y [g]. Los etruscos no conocían el sonido [g]; pero lo romanos sí, por tanto les resultaba un problema no tener una letra específica para este sonido y diferenciarlo. Podrían haber adoptado la gamma griega, que sí representaba el sonido [g], pero los romanos creían erróneamente que también tenía el sonido [k]. Así que este problema se resolvió hasta que Espurio Carvilio –como ya se vio en el apartado de la letra “C”[4]– inventó la “G” añadiendo un rasgo a la “C”.

H[5]

Su hombre es hache, del francés hache, y este del latino hacca, (hacha). Paradójicamente, empezó su trayectoria en el español escribiéndose sin h: “ache en un texto de 1433. En el alfabeto fenicio había una letra conocida con el nombre de het que es la antepasada de la H y que se representaba con una figura de dos rectángulos superpuestos, algo inclinados. Se pronunciaba como una “j” suavemente aspirada. Los griegos la adoptaron de los fenicios dándole la forma mayúscula que hoy conocemos por eliminación de los trazos superior e inferior y manteniendo la suave aspiración. Una vez trasladada al latín, perdió el sonido paulatinamente, hasta quedar muda.

I[6]

Corresponde a la letra I del alfabeto latino o romano. Es la vocal más aguda, o sea, la que se produce con el máximo de vibraciones por segundo. La antepasada más remota de la “i” es la yod fenicia. Los griegos la empezaron a escribir tal como conocemos la I mayúscula. El alfabeto latino la copió, pero poniéndole dos círculos en cada extremo. Durante mucho tiempo, en español se escribió en minúsculas sin el actual punto, lo que ocasionó muchas complicaciones para su correcta lectura, pues se confundía con otras letras, para diferenciarla, a veces se escribía prolongándola por arriba (como una I mayúscula) o por abajo (de donde provino la j), y hasta con algún círculo en algún extremo. En la Edad Media se decidió acentuarla, y así quedó el punto actual tras normalizarse con la invención de la imprenta.

J[7]

La j derivó de la “i”. No existía en los alfabetos fenicio, griego ni latino. El sonido consonántico peculiar de la “j” se produjo en el paso del latín al castellano por múltiples procedimientos. Para este sonido también servía la “i” hasta que, entre los siglos XVI y XVII, se separaron, quedando la primera como vocal y la segunda como consonante y con sonido propio. Pierre de la Ramée[8] fue el inventor del signo de la “J” mayúscula y la “j” minúscula, para su adaptación a la imprenta en el siglo XVI. Tiene un punto arriba por herencia de la “i”. Su nombre, jota, procede del nombre de la iota griega. Sin embargo, cuando la “j” se desligó de “i” empezó otra batalla con otras dos consonantes, la “g” y la “x”.

K[9]

Corresponde a la letra K del alfabeto latino o romano, que es la kappa griega, y proviene de la kaf fenicia. La K es la vigésimo cuarta letra que más palabras empieza en el diccionario. Ha sido considerada como una letra inútil y extranjera, pues ya los romanos contaban solo con diez palabras que empezaban con esta letra y los fenicios la tomaron de la escritura jeroglífica egipcia, en donde representaba una mano o un puño.

L

Corresponde a la letra “L” del alfabeto latino, y gráficamente a la letra lambda griega arcaica, que proviene de la letra lamed fenicia. Los fenicios tenían esta letra en su alfabeto con el nombre de lamed (cayado), con forma de este utensilio que empleaban los pastores. Los griegos la adaptaron con el nombre de lambda pero sustituyendo la curva de la letra en un ángulo agudo. Un ángulo que hicieron recto los romanos cuando la copiaron para el alfabeto latino.

M

Corresponde a la letra “M” del alfabeto latino o romano, y proviene de una letra fenicia que significaba agua. También el jeroglífico egipcio pronunciado “M” tenía forma de línea quebrada u ondulada y era el símbolo del “agua”. De este símbolo tomó el alfabeto fenicio su letra mem, pero transformando los trazos de manera que desaparecen las evocaciones acuáticas. Los griegos la copiaron para su letra “m” y de igual forma aparece la “M” latina.

N

Corresponde a la letra “N” del alfabeto latino o romano. En los jeroglíficos egipcios aparece representada como una serpiente. Esquematizada y con un rasgo más anguloso pasó primero al alfabeto fenicio con el nombre de nun y luego al griego con la misma forma y el nombre de ny. Así llegó al latín, con una mayúscula N, idéntica a la que conocemos.

O

La vocal “o” aparece escrita como un círculo, de un solo trazo, como en los textos latinos tardíos. En etrusco y en latín arcaico está escrito con dos trazos semicirculares. En el alfabeto griego hay dos oes: una breve, ómicron, y otra larga, omega. El signo fenicio ayin significa ojo.  La letra o aparece en la escritura jeroglífica egipcia con la forma de un ojo humano que miraba de frente. Los fenicios esquematizaron el símbolo dándole una sencilla forma circular y recordando su origen llamando la letra ayin ‘ojo’. Reducida la adoptaron los griegos y después los romanos.

P

Corresponde a la letra “P” del alfabeto latino o romano, que tomó del griego el modelo de trazado anguloso, y sólo en el siglo primero aparecen las formas cerradas. La “P” mayúscula visigótica tenía la forma de la letra capital romana. La “P” gótica del siglo XIII empieza a escribirse con un solo trazo continuo. Desciende esta letra de un jeroglífico egipcio que representaba una boca abierta. Los fenicios le dieron el nombre de pe, que quería decir ‘boca’. Aunque olvidándose de lo que representaba, los griegos la llamaron pi y copiaron la forma fenicia, pero en varias versiones. Una de ellas fue la que eligieron los romanos para su alfabeto.

Q

Su origen es sumerio y tanto para ellos, como para los egipcios significaba ‘mono’ y representaba la cabeza de un mono. En el alfabeto fenicio existieron las letras ‘kaf’ y ‘qof’, tomadas del jeroglífico egipcio antes mencionado. Los griegos adoptaron dichas letras fenicias, nombrándolas ‘kappa’ y ‘qoppa’, respectivamente. La diferencia entre estas letras significó un problema para los romanos, pues tenía un sonido coincidente con la /c/ y la /k/. Sin embargo, ganó presencia en el latín, donde obtuvo la forma que hoy conocemos. En el español siempre que usa como diágrafo unida a una ‘u’ carente de sonido, aparece junto las letras ‘e’ o ‘i’, como alternativa al fonema /c/. Por lo tanto, es un fonema velar oclusivo sordo idéntico al fonema /c/. En lenguas como el latín, el italiano, el portugués o el catalán si se pronuncia la ‘u’ después de la ‘Q’. De igual forma, hay lenguas en donde la ‘Q’ no existe, como en el turco. La letra ‘Q’ es el símbolo de la moneda guatemalteca: el Quetzal, Además, ‘Q’ es un personaje de las películas y las novelas de James Bond. En matemáticas representa a un conjunto de números racionales En termodinámica representa la cantidad de calor En física representa la carga eléctrica. En el alfabeto radiofónico (o fonético aeronáutico) se le llama ‘quebec’. En diseño tipográfico, la cola de la ‘Q’ se orienta hacia la derecha, su longitud es muy variable. La cola tiene diversas formas para trazarse, desde la conexión con la forma principal, la superposición con esta, la separación total, e inclusive una elegante forma de ‘z’.

R

Corresponde a la letra ‘R’ del alfabeto romano, que proviene del griego ‘rho’, surgida del signo fenicio ‘ros’, que significaba cabeza. Esta letra procede de un jeroglífico egipcio que representaba una cabeza humana vista de perfil. Los nombres que recibió esta letra en los alfabetos fenicio y hebreo recordaban dicho origen: ‘res’ o ‘resh’, que quieren decir ‘cabeza’. Los fenicios simplificaron el dibujo egipcio reduciéndolo a una ‘P’ invertida. La escritura griega varió el sentido de la letra dejándola en una forma parecida a la ‘P’. Hallaremos una letra en el alfabeto ruso (que proviene del cirílico) con una forma idéntica, pero reflejada especularmente, la ‘Я’, cuya pronunciación es totalmente distinta: ‘iá’. Los latinos copiaron la letra griega, pero como ya tenían la ‘P’, evitaron confusiones y crearon –entre los siglos IV al III a. C.– una nueva letra con un trazo descendente, para diferenciarla. En el español la ‘R’ tiene dos pronunciaciones: la ‘r’ simple intervocálica producida por una vibración de la punta de la lengua en la zona alveolar (fonema /r/). La otra con vibración lingual múltiple (fonema /rr/), cuyo sonido se designa como erre compuesta, o ‘r’ doble. En física representa a la resistencia eléctrica, al símbolo del roentgen (unidad de medida de exposición radiométrica). En geometría, representa una recta y al radio de una circunferencia o de una esfera. Encerrada dentro de un círculo es el símbolo de marca registrada ®. En el alfabeto radiofónico (o fonético aeronáutico) se le llama ‘romeo’. En diseño tipográfico la cola de la ‘R’ termina con un remate hacia la derecha y el remate interno del asta se debe recortar para evitar un aglomeración en la base. Así mismo, una cola demasiado larga creará problemas de espaciado.

S

Corresponde con la letra ‘S’ del alfabeto romano, que proviene del alfabeto griego ‘sigma’. Hay varias teorías que hablan de su origen:

  1. Una teoría afirma que viene del ideograma egipcio que representa a los dientes debido a la leyenda de la fundación de Tebas a cargo de Cadmo. Particularmente, la letra proto-sinaítica ‘shin’ significa diente (La leyenda cuenta que en Tebas no disponían de letras, Cadmo mató a una serpiente, le arrancó los dientes y los sembró, como si simbólicamente cultivara los instrumentos del buen hablar y cosechó los 16 dientes de las culebras como símbolo de las 16 primeras letras Actualmente es muy común representar una serpiente en la literatura moderna mediante la letra ‘S’).
  2. Otra teoría señala que la ‘S’ procede de un ideograma egipcio que representa un lago del que brotan dos juncos o lotos.

La escritura fenicia lo simplificó, eliminó las plantas y lo esquematizó con una figura angulosa parecida a una ‘W’. Los griegos le dieron un giro y lo renombraron como ‘sigmay’. Además, crearon dos versiones: una con líneas rectas y otra con líneas redondeadas. Los romanos recogieron esta última versión, y esa es la que llegó hasta el español. Hasta mediados el siglo XIX existían dos versiones de la ‘S’, una de ella llamada ‘S larga’ o ‘S alta’. La existencia de dos grafías diferentes proviene del griego clásico, en donde encontramos ‘σ’ y ‘ς’. La ‘S alta’ se usaba en el principio una palabra o dentro de esta, y la ‘S baja’ se reservaba para final de palabra. Debido a que la grafía de ‘ſ’ y de ‘f’ son parecidas, provocan confusiones frecuentes en la lectura de documentos antiguos. La unión de ambas letras da pie a la creación de la ‘doble s’ o ’eszett’ (ſs), una ligadura utilizada frecuentemente en el idioma alemán y que provoca confusión con la beta griega o la ‘B’ mayúscula. En fonética, es una consonante de sonido obstruyente, fricativo, alveolar y sordo. En el alfabeto radiofónico (o fonético aeronáutico) se le llama ‘sierra’. En historia es el símbolo de siglo. En geografía es la abreviatura de Sur. En química, es el símbolo del azufre. En diseño tipográfico, el trazo de una ‘S’ debe presentar estabilidad en su base, así como curvas y enlaces suaves que generen aberturas anchas. Si posee remates, una elegante modulación de trazos y si fuera sans serif, puede mostrar terminaciones en diferentes ángulos.

T

Corresponde con la letra ‘T’ del alfabeto romano. La letra T se originó de la vigésima letra del alfabeto proto-sinaítico que tenía el nombre de ‘tau’ y significa marca o signo. En las inscripciones jeroglíficas egipcias la hallamos representada por una figura similar a un pan horneado. Procede de un ideograma de la escritura egipcia que representa dos palos cruzados a modo de señal, del que se hicieron distintas esquematizaciones. Las más conocidas son las que pasan al alfabeto fenicio con forma de ‘X’ o de ‘+’, de donde derivan con ligeras modificaciones la ‘te’ de los alfabetos griego, etrusco y latino arcaico, donde aparece en la forma mayúscula que utilizamos hoy. Los tipos de imprenta definen los dibujos correspondientes a la mayúscula y minúscula actuales: T y t. En la fonética del español representa un sonido consonante obstruyente, oclusivo, dental y sordo. En el alfabeto radiofónico (o fonético aeronáutico) se le llama ‘tango’. En química es el símbolo del tritio. En bioquímica es símbolo de la Timina. En física es símbolo de la temperatura absoluta. En diseño tipográfico, la ‘T’ crea la ilusión de ser una forma ancha, por ello debería ser dibujada más angosta que una ‘H’. Para las minúsculas, la ‘t’ suele tener el lado derecho de la barra más largo que el izquierdo y el enlace con el ascendente puede dibujarse recto o curvo.

U

Es la última de las vocales y corresponde con la letra ‘U’ del alfabeto romano. Su antepasada es la letra ‘vau’ fenicia, así como también lo es de ‘f’, la ‘v’ y la ‘y’. En el abecedario latino veremos que no existía la letra ‘U’, puesto que la ‘V’ era mayúscula y ‘u’ era la minúscula que le correspondía. La elección de dichas variaciones dependía del soporte de escritura: Es posible ver que cuando se escribía sobre piedra los trazos fueran rectos (‘V’), pero escrita a mano con tinta, los trazos fueran curvos (‘U’). Para la lectura, cuando aparecía al principio de una palabra se pronunciaba como consonante, pero cuando aparecía en medio, se pronunciaba como vocal. La normalización necesaria para la impresión y los criterios renacentistas diferenciaron con un signo al sonido vocálico y con otro al sonido consonántico. De tal suerte, se eligió ‘U/u’ para el sonido vocálico, y ‘V/v’ para el consonántico. En otras palabras, la ‘U’ es una forma evolucionada de la ‘V’ latina. Esta letra está en la categoría de las vocales débiles, se vuelve muda en las sílabas ‘que’, ‘qui’, ‘gue’ y ‘gui’. En castellano se utiliza la diéresis sobre la ‘u’ para indicar que dicha vocal debe pronunciarse. Se usa como conjunción disyuntiva antes de palabras que inician con ‘o’ y con ‘ho’. En química es el símbolo del uranio En bioquímica es la unidad de actividad enzimática En física es símbolo de la temperatura absoluta. En el alfabeto radiofónico (o fonético aeronáutico) se le llama ‘uniform’. En diseño tipográfico, su trazo en las familias serif presenta las astas asimétricas en cuanto a grosor y ángulo de curvatura. En cuanto al dibujo de las sans serif, se puede presentar tanto la modulación de grosor como la simetría.

V

Su nombre es ‘uve’, puesto que históricamente fue una ‘u con el oficio de v’. En buena parte de América está más extendido el nombre ‘ve’, que suele ser acompañado por adjetivos, tales como: corta, chica, chiquita, pequeña o baja, para identificarla. Hasta la edición de 1947 del diccionario académico no aparecía con la denominación de ‘uve’. Su antepasada es la letra vau fenicia, así como también lo es de ‘f’, la ‘u’ y la ‘y’. Los etruscos la representaban con grafismo ‘V’ y hay que señalar que los romanos no distinguían entre el sonido vocal (U) y el sonido consonante (V). Por lo tanto, en la evolución hacia el castellano, las letras ‘u’ y ‘v’ se usaron indistintamente. Así continúo durante la Edad Media. En 1492 Antonio de Nebrija[1] promovió la necesidad de distinguir en la escritura la vocal ‘u’ de la consonante ‘v’, situación que se consolidó a partir del siglo XVI. A fines del siglo XVI, el tipógrafo holandés Louis Elzevir estableció la diferencia tipográfica entre ‘U’ y ‘V’ mayúsculas. En 1619 el alemán Zetner, hizo lo mismo con las formas minúsculas. Con el auge de la imprenta se había generalizado la práctica de diferenciar ambas letras nombrándolas como ‘u vocal’ y ‘v consonante’. Sin embargo, seguía escribiéndose tanto ‘voz’ como ‘uoz’, ‘ver’ como ‘uer’, o ‘uno como vno’, hasta que el primer diccionario académico dirimió el asunto. No existe en español diferencia alguna en la pronunciación de las letras ‘b’ y ‘v’. Las dos representan hoy el sonido bilabial sonoro /b/. En química es el símbolo del vanadio (V). En numeración romana representa al número 5. En electricidad es el símbolo del voltio. En física: a la magnitud de carácter vectorial. En el alfabeto radiofónico (o fonético aeronáutico) se le llama ‘victor’. En diseño tipográfico, la unión de los trazos de esta letra puede ser afilada o roma y se le nombra vértice.

[1] Antonio Martínez de Cala y Jarava (1441–1522), mejor conocido como Antonio de Nebrija o de Lebrija, fue un humanista, filólogo y latinista español del siglo XV, autor de la primera gramática española (1492) y del primer diccionario español (1495). Además fue historiador, pedagogo, gramático, astrónomo y poeta.

W

Su nombre es uve doble, ve doble, doble ve o doble u. La forma primitiva de este grafismo fue una ‘VV’ (V doble). Denotaba la semiconsonante germánica ‘W’, y no tenía correspondencia en las lenguas romances, por tanto, el abecedario latino carecía de esta letra. Sin embargo, el contacto de los romanos con los germánicos y nórdicos en el siglo V obligó a la interpretación de aquel sonido para ser representado. Fue usada en el siglo VII por los primeros amanuenses anglosajones, representada con el dígrafo ‘uu’, de donde tomó su nombre. Fundamentalmente procede de dos idiomas que han trasladado palabras con ‘W’ al español: el alemán y el inglés. Su uso sólo aparecía en voces de procedencia extranjera, sin embargo, se ha castellanizado en voces como ‘vals’, ‘vagón’ o ‘vatio’, utilizando el sonido más parecido al del idioma de origen. Fue la última letra en incorporarse oficialmente al abecedario español en 1969 y es la que menos palabras encabeza en el diccionario. En la fonética, representa dos sonidos diferentes: el sonido bilabial sonoro /b/ y el sonido /u/, además como /gu/, cuando forma diptongo con la vocal siguiente. En física el símbolo del watt o vatio, utilizada para medir la potencia y el flujo radiante. También en física, representación del trabajo. En química, el símbolo del wolframio (o tungsteno). En el alfabeto radiofónico se le llama ‘whiskey’. En diseño tipográfico existen tres métodos para construirla: condensar dos ‘V’, expandir y superponer dos ‘V’, y recortar la primera ‘V’ con la segunda.

X

La equis actual corresponde con la letra ‘x’ de los alfabetos latino y griego moderno. Su origen exacto se desconoce. Se dice que fue invento del rey griego Palamedes[1]. Los griegos representaban el sonido [cs] o [gs] con dos letras hasta que se inventó un signo para sustituirlas. El nuevo signo pasó al alfabeto etrusco y de ahí lo tomó el latín. Los griegos representaban el sonido ‘ks’ con un signo derivado del ‘samek’ fenicio, dejándole el signo ‘x’. Representa sonidos diferentes según la posición que tenga en la palabra. En posición intervocálica o en final de palabra, representa el grupo consonántico /ks/ (o /gs/ en pronunciación relajada). En el inicio de las palabras la pronunciación más frecuente es la de /s/. Al final de una sílaba puede ser, en distintas regiones y según las consonantes que sigan: /s/ o /ks/ (en pronunciación más relajada /gs/). En español medieval era una letra muy común y se pronunciaba como el sonido /sh/. En el alfabeto radiofónico se le llama ‘x-ray’. En la numeración romana corresponde al número 10. En matemáticas es símbolo de la multiplicación y representa una variable desconocida. Se utiliza en el lugar de un nombre para no identificar a una persona. En los mapas se utilizar para delimitar o marcar fronteras. La equis también es capaz de anular o cancelar. En materia tipográfica, el asta izquierda será más ancha que la derecha, además el punto de enlace de ambas no está en el centro de la figura

[1] En la mitología griega, Palamedes de Argos, hijo de Nauplio, era un héroe de singular ingenio. Entre diversas y fantásticas adjudicaciones, se dice que es inventor del juego de los dados, de los pesos y medidas, del calendario, de los faros, de la balanza, del disco &c. Y que adiestró a los griegos para combatir en formación.

Y

De acuerdo con la Real Academia de la Lengua Española su nombre es ‘ye’. Proviene de la letra griega ípsilon, que se pronunciaba /u/, más tarde /y/, actualmente /i/. Inicialmente los romanos la transcribieron con el grafema ‘v’, hacia mediados del siglo I a. C. Los romanos utilizaron la letra ‘y’ para trascribir palabras de origen griego en las que se hallaba presente. La forma de la ‘y’ no ha cambiado en siglos, puesto que se reconoce su pasado en la escritura hierática egipcia. También está en los alfabetos milenarios de Medio Oriente (donde representaba una maza), en la vau fenicia. La letra vau fenicia también es antepasada de la ‘f’, la ‘u’ y la ‘v’. Los griegos le dieron su forma definitiva y la llamaron ípsilon. Desde 1726 se convirtió oficialmente en la conjunción copulativa del español, con excepción si la siguiente palabra empieza con ‘i’, en tal caso se sustituye por una ‘e’. Fonéticamente, la letra y puede representar dos fonemas distintos: uno vocálico y otro consonántico. En geometría es la 2ª coordenada de un punto; en genética designa al cromosoma sexual masculino; en matemática es una variable y en química designa al itrio. En el alfabeto radiofónico se le llama ‘yankee’. En diseño tipográfico los brazos de esta letra no son idénticos: en las ‘sans serif’, el izquierdo debe ser más grueso.

Z

Su nombre es zeta, ceta, ceda o zeda. Es la última letra del alfabeto latino. Se originó en la escritura jeroglífica egipcia, de ahí pasó a la fenicia donde se representaba de forma muy parecida a la actual ‘I’ mayúscula. Posteriormente deriva en el ‘zai’ fenicio, cuyo significado en arameo es arma o puñal. La zeta apareció en el alfabeto romano, puesto que la tomó del griego para transcribir la letra ‘dseda’. Existía antiguamente en latín, pero en la época de Apio Claudio fue suprimida, volvió a introducirse a mediados del siglo I a.C. No fue hasta el abecedario latino que apareció la forma actual, su empleo estaba limitado a nombres procedentes del griego. En la fonética, su sonido es una consonante obstruyente, fricativa, interdental y sorda. En matemática representa al conjunto de números enteros. En química representa al número atómico. En el idioma español existen más de 3,000 palabras que inician con esta letra. En el alfabeto radiofónico se le llama ‘zulu’. En cuanto a la estructura tipográfica, una zeta no posee trazos del mismo grosor, sino variaciones que generan balance visual.

Casos especiales: los dígrafos del español

CH

La “Ch” (che) es un dígrafo: Signo ortográfico compuesto de dos letras para representar un fonema. Entre 1803 y 1993 la “Ch” fue considerada letra independiente, pero en 1994 perdió esta condición al ser devuelta al apartado de la “C”, en el orden alfabético que le correspondía.

Al igual que cuando era considerada una letra independiente –como ahora– la “Ch” siempre ha tenido el mismo sonido, peculiar y distinto de los demás sonidos representativos de letras, excepto en palabras que, por tradición, se escribían en español como en latín hasta hace dos siglos, tales como Christo, chrónica o chimera, que fueron sustituidas por la “c” o la “q” con las que eran pronunciadas.

LL

La “Ll” –al igual que la “Ch”– es un dígrafo que fue considerado una letra independiente hasta 1993, cuando volvió a incluirse en el apartado de la “L”. Hay 134 entradas en el diccionario que empiezan con este dígrafo.

Ñ

Es la aportación española al alfabeto latino: el sonido de la “ñ” no existía en latín, pero la evolución de grupos como “gn”, “nn”, “ni” o “nh” le dio lugar durante la Edad Media entre las lenguas románicas. El italiano y el francés se quedaron con “gn”, el gallego-portugués con el “nh” y el catalán con el “ny”. El castellano eligió “nn” puesto que en los monasterios y después en las imprentas se tenía la costumbre de economizar letras para ahorrar esfuerzo en las tareas de copiado y colocación de caracteres. Por lo tanto, la secuencia “nn” se escribía con una “n” muy pequeña y denominada virgulilla encima de una “n” de tamaño normal.


[1] Vigente entre los siglos XIII al XI a. C.

[2] En el siglo III a. C., el liberto Espurio Carvilio —quien fuera esclavo del cónsul Espurio Carvilio Ruga— decidió agregar un pequeño rasgo a la C para producir una letra nueva y representar así el fonema velar oclusivo sonoro como distinto del velar oclusivo sordo.

[3] La e era la conjunción copulativa del español en el siglo XIII, derivada de la antigua conjunción latina et.

[4] Vid supra.

[5] La “H” llegó al español en el siglo XV con un vocabulario escaso, pero con muchas palabras que recordaban a esas haches que la gente culta diferenciaba de las mudas con una ligera aspiración. Pero a finales del siglo XV la tendencia cambió por completo. Con la aparición de la imprenta, la expulsión completa de los musulmanes de la Península ibérica, el descubrimiento de América y el Renacimiento, los españoles cultos observaron las haches aspiradas con desprecio, demasiado rudas y arabizadas para su gusto. Así que empezaron a recuperarse las efes en numerosas palabras. La aspiración de estas haches se conserva aún en algunos lugares.

[6] La i comparte sonido con la y, a quien cedió en 1726 el uso como conjunción copulativa. En 1815 se decidió que i es vocal en todos los casos, excepto cuando es final de palabras que acaban en ai, ei, oi y frecuentemente en ui.

[7] Originalmente, en el alfabeto latino la jota era una variante caligráfica de la I. En latín y en las lenguas romances de la Edad Media representaba indistintamente los sonidos /i/, /iː/, y /j/. Fue en el siglo XVI cuando se empezó a considerar la j como una letra con valor propio, siendo la última letra que se incorporó al alfabeto latino moderno.

[8] Petrus Ramus (Pierre de la Ramée) retórico, humanista y lógico francés. Nació en Cuth en 1515 y murió en París en 1572.

[9] Hoy en día la k es utilizada muy comúnmente en los mensajes electrónicos. Han existido intentos en los que se ha propuesto alternativas a palabras como kilómetro autorizándose el uso de quilómetro sin prosperar. De manera que la “k” se mantiene en marginalidad dentro del alfabeto, en la que ni pierde ni gana terreno. Entre 1815 y 1869 desapareció del diccionario académico. En España, durante la Edad Media, la “k” sólo se utilizó en la escritura visigoda. La “k” sólo se usa actualmente en palabras de procedencia griega o extranjera.

[10] Antonio Martínez de Cala y Jarava (1441–1522), mejor conocido como Antonio de Nebrija o de Lebrija, fue un humanista, filólogo y latinista español del siglo XV, autor de la primera gramática española (1492) y del primer diccionario español (1495). Además fue historiador, pedagogo, gramático, astrónomo y poeta.

[11] En la mitología griega, Palamedes de Argos, hijo de Nauplio, era un héroe de singular ingenio. Entre diversas y fantásticas adjudicaciones, se dice que es inventor del juego de los dados, de los pesos y medidas, del calendario, de los faros, de la balanza, del disco &c. Y que adiestró a los griegos para combatir en formación.